Qué poco se sabe sobre inseguridad

No es posible gobernar la seguridad pública sin conocer aquello sobre lo cual se pretende tener el control. Y no es posible conocer el fenómeno delictual sin investigación sistemática, organizada y confiable. Por el contrario, la ausencia de conocimientos e información pública cede el lugar a una ideologización engañosa, tal como ha sucedido en nuestro país en los últimos años.

El panorama es paupérrimo. Por un lado, unos simplifican irresponsablemente el problema declarando que se trata de una “sensación”, al tiempo que destacan el bajo índice de asesinatos de nuestro país en términos comparativos. Y, por el otro lado, sin demasiada reflexión, se sostiene que el problema se resuelve con más policías y un incremento de penas que, por lo general, suelen recaer en poblaciones ya suficientemente castigadas. Los primeros piensan sin demasiado escrúpulo que el único indicador de la llamada inseguridad son los asesinatos y desvalorizan la poderosa experiencia de delitos que no matan, pero son constantes. Niegan el ultraje que cientos de ciudadanos de clases bajas y medias experimentan diariamente y que termina transformando sus vidas: robos, arrebatos, amenazas, “peajes”, secuestros, lesiones físicas. Y los segundos creen que entre las fuerzas de seguridad y los criminales existe, como en las películas, un límite claro y prístino. Los buenos luchando contra los malos.

Con todo, ninguna de las dos posturas puede mostrar argumentos superadores, pues la realidad les enseña algo peor: que sabemos increíblemente poco. Y, sin embargo, se toman decisiones. Las estadísticas delictuales que se exhiben en sitios gubernamentales, además de desactualizadas, son notoriamente defectuosas, cuando no inexistentes. Desde el año 2007 no se han vuelto a realizar y publicar encuestas de victimización patrocinadas por el Estado (o no se han hecho públicas) y eso significa que no sabemos qué características tienen las víctimas, qué tipos de delitos son comunes, con qué frecuencia se producen o cuál es su localización en los grandes centros urbanos del país.

La ausencia de investigación académica, mientras tanto, ha cedido el lugar a una dinámica perversa, compuesta por un periodismo menesteroso y políticos oportunistas que no se atreven a ninguna reforma seria.

Este problema se corona, además, con la sistemática violación de la ley de acceso a la información pública. Sin desconocer el valor de algunas iniciativas ya en funcionamiento, se torna necesario destacar que, aún con eso, la insignificancia de nuestros conocimientos es enorme. Y lo seguirá siendo en la medida en que no se reconozca a la investigación, a la generación de información y a la elaboración de diagnósticos como pilares indispensables de una solución al problema de la inseguridad. Sólo la densidad de los conocimientos y una decidida difusión pública de los mismos pueden condicionar decisiones arbitrarias e intereses de corto plazo guiados por la suerte o las encuestas de imagen.

Por Matías Dewey

Publicado en La Nacion – http://www.lanacion.com.ar/1500006-que-poco-se-sabe-sobre-inseguridad

 

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