Vamos a la playa, oh oh-oh oh-oh …

En algunos días dará comienzo el operativo de verano del Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires para la Costa Atlántica Argentina.

Operativo que tendrá características similares a los de los últimos años; si bien y según los trascendidos oficiales la cantidad de recursos humanos y logísticos superarán los involucrados con anterioridad para el corredor turístico comprendido entre San Clemente del Tuyú y Monte Hermoso, la lógica del mismo no se diferencia de los precedentes ni incorpora mejoras conceptuales para la seguridad del volumen de turistas, que sin lugar a dudas y habida cuenta del contexto económico y social han de distinguir esta temporada veraniega.

Una vez más el fuerte componente marketinero señalará la impronta del operativo de forma tal que este año más que otros algunas particularidades merecen una revisión de las condiciones que lo enmarcan.

La gobernación bonaerense otorga a este período vacacional una importancia mayor; y no le falta razón teniendo en consideración las aspiraciones presidenciales de Daniel Scioli, para las cuales se torna imprescindible una elección legislativa en el 2013 que no lo descoloque en el camino que para ello se ha trazado. Esto es, un triunfo tal, que le posibilite mantenerse como candidato y posible sucesor del gobierno para las elecciones del 2015.

Y para este cometido es fundamental minimizar los episodios de inseguridad –y aún más, todo aquello que se refleje como motivo de disconformidad social-, en los meses de enero y febrero, que tienen una amplia repercusión en los medios de comunicación y consecuentemente impactan en una opinión pública sensibilizada después de varios años de ineficiencia provincial en materia de seguridad.

Empequeñecido el impacto que el informe senatorial del caso Candela debía haber producido en el tándem Casal – Matzkin, ambos se aprestan a liderar un operativo que no da muestras de modificar en lo más mínimo la concepción de intentar mostrar algo para lo que en realidad no se trabaja, porque no existe un plan de seguridad más allá de las medidas coyunturales espasmódicas que responden a repercusiones mediáticas y no a un proyecto que considere las múltiples variables que confluyen en esta área.

Una vez más se apela a consignas vacías tipo: “el gobierno provincial lo acompaña desde que usted sale de su casa”, cuestión que no se corresponde con una realidad que demuestra la imposibilidad de la Policía de Seguridad Vial de contener las oleadas de vehículos que saturarán las rutas sobre las cuales recién ahora se habla de dotar con radares capaces de infraccionar en horario nocturno (Diario Infobae – 06/12/2012 –http://www.infobae.com/notas/685155-Los-nuevos-radares-nocturnos-para-las-rutas.html -), en un anuncio que seguramente se desvanecerá en pocos días y que no procura generar un sistema vial acorde al volumen del tránsito y a las calidades de los vehículos, ni siquiera modificar las conductas que convergen en esta problemática.

Una vez arribados a sus destinos, los veraneantes han de poder visualizar la parafernalia de banderas y de remeras fluorescentes que destacan una presencia –se supone- multitudinaria de efectivos policiales y penitenciarios (si bien estos últimos con horario acotado), con una marcada predisposición a ser visibilizados en los lugares de mayor afluencia turística y no de aquellos identificados como más conflictivos o de mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

La nocturnidad traerá aparejados inconvenientes ya conocidos, en los cuales el consumo de alcohol es quizás el más notorio y el menos tratado. El archifamoso REBA (Registro de Expendedores de Bebidas Alcohólicas) ha demostrado su incapacidad para morigerar la ingesta de alcohol -quizás porque nunca fue su intención-, de la misma manera que la limitación horaria del expendio sólo consiguió anticipar la compra indiscriminada. Queda pendiente –sin que parezca ingresar a la agenda gubernamental- un tratamiento serio que evite el ingreso cada vez más temprano de niños al consumo de alcohol. Y como consecuencia de esto, el choque entre culturas antagónicas (básicamente etarias); la de aquellos que buscan descanso y paz en sus vacaciones y la de los otros que las basan en la bebida y el descontrol.

Al respecto los anuncios oficiales no parecieran suficientes para generar una contracultura, sobre todo si se reducen a operativos esporádicos y selectivos, nuevamente basados en la necesidad de ocupar espacios mediáticos positivos y no de tratar con seriedad este flagelo (http://www.baires-salud.com.ar/actualidad-45/operativo-sol-estan-en-marcha-los-controles-de-alcoholemia-en-la-costa-altlantica-3220.html).

Por supuesto que estas líneas no agotan el análisis de la fragilidad del operativo, basado en la premisa para quienes son los generadores de estos desaguisados, de que setenta y cinco días pasan rápido.

No así para quienes sufrirán cada hora hasta el 28 de febrero, sabiendo de las deficiencias que se deberán sortear y de quienes tienen a su cargo la implementación de estas pautas, conocedores de la vulnerabilidad de las carreras policiales, dependientes cada vez más de los humores de los funcionarios políticos, alejados éstos de las necesidades de seguridad de los bonaerenses y alineados únicamente a sus intereses personales.

Por Apuntes de Seguridad Ciudadana

 

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