Hay que legalizar las drogas

Como se sabe, el tabaco y el alcohol  son drogas legalmente permitidas y aceptados socialmente, además de magníficos negocios e incluso vía impuestos, fuente de ingreso para los gobiernos, lo cual es un pésimo negocio porque las adicciones a cualquiera de estos fármacos ocasionan a los estado costos económicos muchísimo mayores que dichos ingresos y enormes daños a la salud pública y privada; así como más muertes que todas las drogas ilegales juntas, sin que por ello hablen de prohibirlas los seudo moralistas y los obscenos desinformadores de las mafias mediáticas al servicio de los intereses del verdadero  dueño del negocio: la plutocracia estadounidense, aunque sí se escandalizan cuando se habla de despenalizar y/o legalizar las drogas prohibidas. Reconocemos también que hay personas bien intencionadas que se oponen a legalizar las drogas por considerar de buena fe que con esto aumentaría su consumo. Esto no es cierto, como lo demuestra la experiencia exitosa de Portugal que debe ser imitada. De acuerdo con Glenn Greenwald (www.elcato.org) la experiencia portuguesa se muestra exitosa frente a cualquier indicador. El “consumo de drogas en muchas categorías ha disminuido en términos absolutos, incluyendo para grupos demográficos importantes, como el de personas entre los 15 y 19 años. Y donde las tasas de consumo han subido, los aumentos han sido modestos, mucho menor a los registrados en Washington, Estados Unidos”.

Realmente, con la política vigente enmarcada en la lógica del bien contra el mal, y de la represión y el castigo en vez de atacar las causas, se han evadido por largo tiempo las cuestiones básicas que deben regir la política pública socialmente responsable. Hasta el exsecretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, pidió hace unos días, un cambio de estrategia centrada en la despenalización, en vez de la “guerra contra las drogas”.

Los tremendamente nocivos resultados de la actual “lucha contra el narcotráfico” comprueban lo contraproducente de la ilegalización de las drogas, por lo que conviene rectificar urgentemente. En el seno del interesado promotor de esta falsa e inútil cruzada, en  los mismos Estados Unidos, se experimentó al respecto y los efectos obtenidos constituyen prueba irrefutable de la necesidad de  implementar la estrategia  contraria. Recordemos: durante la segunda y tercera década del siglo pasado, con  la tristemente célebre “Ley Seca”, se prohibió la producción y distribución de alcohol. Gracias a esta prohibición, no solo aumentó el consumo de esta droga -lo que se suponía combatir- sino que en concordancia, se corrompieron muchas autoridades encargadas de aplicarla y con su venalidad y protección  proliferaron los imperios criminales como el tan conocido de Al Capone. ¿Suena como la misma que película que estamos viendo, aunque súper aumentada y sufrida, o no? Lógicamente el horror desapareció cuando se abolió dicha ley. Entonces, afortunadamente el imperio gringo solo imponía estas absurdas moralinas en su territorio, y no como ahora que para alimentar sus delirios de dueño del mundo -a pesar de que afortunadamente está ya en una declinación irreversible-  nos obliga a malgastar nuestros escuálidos recursos y a sufrir por librar esta batalla perdida un increíble daño ético,  moral y social.

Sumados en Colombia y México únicamente, son ya sobradamente más de dos centenas de miles los muertos y desaparecidos con su obligada secuela de viudas y huérfanos. No tengo a mano los costos económicos  en Colombia. En México, el solo el costo directo de las fuerzas represivas en los últimos seis años, ha sido de unos ciento veinte mil millones de dólares, y según cálculos optimistas, van al menos cien mil muertos y desaparecidos, mientras tanto, el imperio gracias a su “cristiano negocio”, se beneficia económicamente con los cientos de miles de millones  de dólares  cuyo lavado mantiene a flote sus bancos y políticamente controlando ya prácticamente todo el territorio y la seguridad de ambos países por completo. No sabemos a que  mueva más, si a la indignación o a la compasión, el que los gobiernos se ufanan de que asesinaron o capturaran  a muchos dirigentes de las estructuras criminales, cuando vemos que el negocio se agranda cada día más y más. Y en estados unidos, crece el consumo y no se persigue realmente ni se asesina a los capos nativos ni se atacan las estructuras financieras de la lucrativa empresa.

Ya lo hemos comentado, pero insistimos e insistiremos mientras no termine este infierno: Las llamadas “drogas ilegales”, son el gran negocio financiero y político de la plutocracia  gringa; y en conjunto con el montaje hollywoodense de la “lucha contra el narcotráfico” sirven  también para que el imperio tenga la excusa perfecta para intervenir abiertamente en los países que se dejan y que ponen los muertos y sus exiguos recursos para esta farsa. Y como no va jamás contra sus intereses, el imperio se opone a todo cambio en las fracasadas políticas con que falsamente dice combatir este flagelo.

Que el imperio norteamericano por medio de sus agentes ha sido el promotor principal de las drogas ilegales, lo comprueba  esta anécdota acontecida en 1968 en El Salvador. Por esa época, el entonces coronel, José Alberto Medrano, el “chele Medrano”, tristemente famoso torturador y asesino, ajusticiado años después por Comandos Urbanos de la FAL, el brazo armado del Partido Comunista Salvadoreño, era Director de la Funesta Guardia Nacional y agente de la criminal agencia del imperio norteamericano, la CIA. Como trascendió que regalaba marihuana a algunos jóvenes, escandalizados, otros jefes del Ejército lo interpelaron al respecto. Medrano –que lógicamente servía fundamentalmente a la criminal agencia norteamericana y quien dicho sea de paso era fama que se drogaba también con fármacos producidos con fines médicos- con la obscenidad prepotente que lo caracterizó, les contestó que era cierto, porque era mejor que los muchachos  se hicieran drogadictos y no guerrilleros.

Por Manuel Reyes – Columnista de ContraPunto

Publicado en Diario Digital Contrapunto (El Salvador) – http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/hay-que-legalizar-las-drogas

 

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