Honduras: Centro penal electrónico. Nuevas formas de castigo del delito

El crecimiento de la delincuencia es un hecho irrefutable, y en función de las facilidades que ofrecen las nuevas herramientas de comunicación, se propicia el que se estrechen los lazos con organizaciones transfronterizas perfeccionando así su accionar, con lo cual la conducta delictiva trasciende las fronteras patrias. Ello insistimos, en función de que estamos inmersos en el contexto de la globalización, en el cual las tecnologías de la información y la comunicación juegan un papel protagónico.

En otros países el tema de la cárcel electrónica, tiene una vigencia y actualidad de primera, pues se trata de incorporar mecanismos prácticos que si bien sirven para garantizar el cumplimiento de la sanción en virtud de la comisión de un delito, también entrañan el respeto irrestricto a sus derechos humanos, en el contexto de la normativa nacional e internacional. Puntualizamos lo anterior, porque se advierte que el sistema penitenciario tradicional fundado en la idea de resocializar dentro de las cárceles un propósito inalcanzable y contradictorio, está siendo objeto de constantes modificaciones o modernizaciones. Es justamente por ello, que los modernos sistemas de vigilancia aparecen como una vía idónea para humanizar las prisiones pues facilitan la labor de reinsertar a los (as) delincuentes no dentro de un marco cerrado y dominante, sino dentro de la sociedad. Con el nuevo sistema, al desaparecer las rejas, desaparece, del mismo modo, el mayor obstáculo que impedía alcanzar la resocialización.

La vertiginosa irrupción de los sistemas de vigilancia electrónica en el mundo es ya un hecho consumado, lo cual genera resultados ampliamente valorados, sobre todo cuando nos encontramos con la triste realidad -reiteramos- que en casi todos los países del orbe la delincuencia ha crecido vertiginosamente. Ante esa triste realidad y ante la aparición de los modernos sistemas electrónicos de vigilancia se está haciendo tambalear los fundamentos que sostenían la imagen prototipo de un establecimiento penitenciario.

Lo que vivimos en nuestra querida Honduras, nos impone como imperativo categórico el romper todo tipo de telarañas mentales y adentrarnos con visión futurista en esta senda, pues hoy en día nadie puede negar las posibilidades de utilización de la vigilancia electrónica como medio para facilitar el acceso a la libertad condicional, sustituir numerosos casos de prisión preventiva y como medio para excarcelar o evitar la propia reclusión, obviamente con las debidas garantías para la sociedad y dentro de lo establecido en el ordenamiento jurídico.

Entre las ventajas del sistema podemos mencionar: Reducción sustantiva de costos; evita la sobrecarga o hacinamiento de los centros penitenciarios, tal como ocurre en nuestro país; que no entren en prisión individuos poco peligrosos; que el sujeto no pierda su trabajo y pueda atender sus necesidades económicas; que eluda los efectos desocializadores y que, a su vez, esté controlado por la sociedad. A ello habría que añadir que se elimina el peligro de contagio criminal y que dota a la privación de libertad de una forma sensible y más humana.

En esencia, la cárcel electrónica solo se aplicaría en caso de la comisión de delitos menores debidamente calificados e igualmente, cuando el recluso (a) evidencie una conducta ejemplar y esté por cumplir la condena. Al reo (a) se le pondría un grillete o brazalete que permitiría detectar en dónde se encuentra; vale decir, se le podría permitir al reo (a) estar en su propia casa o en su centro de trabajo. Al violentar tal obligación inmediatamente el sistema lo detectaría e indicaría donde se encuentra y obviamente, sería objeto de las sanciones previamente establecidas. De ello debe estar en autos dicha persona.

Seguro estoy, en que habrá coincidencia a nivel de los distintos sectores de nuestra sociedad en cuanto a lo aquí planteado, pues en función del crecimiento de la delincuencia, los centros penitenciarios están en su mayoría totalmente saturados, convirtiéndose más bien en un atentado a la salud e integridad física de los reos (as) y en una notoria violación a sus derechos humanos.

De otra parte, en el campo informático se habla de los delitos informáticos y por ello desde el 2001 se suscribió el Convenio sobre Cibercriminalidad de Budapest o Convención sobre Delitos Informáticos, al cual se han adherido una cantidad de países. Sin perjuicio de lo anterior, muchos países, incluyendo centroamericanos.

Sin perjuicio de que somos del criterio que debe emitirse la Ley sobre Delitos Informáticos. Creemos que es procedente dar un paso cualitativo en lo que hace ya no solo a la tipificación del delito, sino en cuanto al cumplimiento de la pena o condena y en este sentido nos parece procedente la implantación de la cárcel electrónica.

Por Jorge Roberto Madariaga – Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial

Publicado en Seguridad Ciudadana en las Américas – http://scela.wordpress.com/2012/11/06/honduras-centro-penal-electronico-nuevas-formas-de-castigo-del-delito-jorge-roberto-maradiaga/#more-13680

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