Otra clase de asalariados

“Es un conflicto dentro del juego democrático”, afirma resuelta Sabina Frederic, doctora en antropología social e investigadora del Conicet. Frederic señala que no hay que buscar fantasmas del pasado, sino atender a lo que realmente está ocurriendo dentro de las fuerzas de seguridad en la actualidad. “Entiendo que haya sectores políticos que se asusten, pero hay que escuchar lo que demandan y no imaginar que hay algo por detrás”, señala la ex subsecretaria de Formación del Ministerio de Defensa. Y describe los problemas que emergen a partir de la aplicación del operativo Cinturón Sur. Como investigadora y como ex funcionaria, Frederic tiene un extenso trabajo de campo y de trato con los integrantes de estas fuerzas de seguridad. Actualmente, trabaja en la Universidad de Quilmes, desde donde asesora al Ministerio de Seguridad en el área de formación a partir de un convenio de asistencia técnica.

–¿Cómo analiza el conflicto?

–El conflicto está dentro del juego democrático. La Gendarmería y la Prefectura están tomando las reglas del juego de la democracia: están peticionando por salarios sin tener los recursos que tienen otros trabajadores. Se están posicionando en el lugar de trabajadores. No creo que sea para nada un movimiento golpista. Están tratando de mantener un servicio y de incorporar derechos de trabajadores. Entiendo que haya sectores políticos que se asusten, pero hay que escuchar lo que demandan y no imaginar que hay algo por detrás. Insisto: es un conflicto dentro del juego democrático. Son fuerzas a las que el Estado nacional les está pidiendo cada vez más nuevas funciones y esto implica costos personales: movilizarse, hacer tareas más estresantes que las anteriores. El Operativo Cinturón Sur les exige otras habilidades. Las han cumplido bien. Los efectos son positivos. Tal vez no fue acompañado con condiciones salariales al mismo ritmo.

–En término del imaginario de los uniformados, ¿se conciben como trabajadores?

–Es ambiguo. A veces se conciben como trabajadores. Otras veces como funcionarios públicos que prestan un servicio. Algo semejante pasa con la policía. Los efectos del espacio democrático, en cuyas escuelas se formó la mayoría de ellos, hacen que se plantee con más fuerza la sindicalización. En Francia hay un sindicato de la policía. Sin derecho a huelga. Es otra sociedad, otra policía. También es cierto que estas instituciones tienen canales para plantear sus demandas hacia arriba. No son gremiales, son en el plano jerárquico. Es probable que las exigencias que tuvieron últimamente hayan desbordado la cadena de mando. Las autoridades de ambas fuerzas puede que hayan desconocido o menospreciado el nivel de costo personal que ha tenido la nueva exigencia. Otra cosa que afectó bastante, en el caso de la Gendarmería, fue el accidente en el sur.

–¿Por qué se suman otras fuerzas como la Armada al conflicto?

–No sé por qué la Armada y no otras fuerzas. Me parece que la de las Fuerzas Armadas es otra historia. Las condiciones de trabajo no son equiparables a las de seguridad. Las Fuerzas Armadas tienen otros problemas a atender, creo yo. Uno es el tema salarial, que tiene larga data y que es semejante. Eso obviamente genera malestares. También el contexto sociopolítico de los juicios genera malestar.

–¿El tema salarial es un tema que se arrastra desde qué época?

–En 2008 hicimos un trabajo de investigación a pedido del Ministerio de Defensa y corroboramos que estos problemas se originan en los años noventa. El Gobierno estaba tratando de resolver el problema y equiparar los sueldos. E ir eliminando las distorsiones salariales. Garré tiene una preocupación genuina sobre estos temas y realmente la presión que hay para resolver aspectos ligados a la inseguridad le intenta poner un ritmo paralelo. Ella generó un centro de capacitación de Cinturón Sur para poner a las fuerzas en el nivel de las exigencias.

–¿La sindicalización de las fuerzas de seguridad podría aportar una solución?

–No diría tampoco que soy partidaria de la sindicalización. Estas instituciones tienen canales para vehiculizar las demandas. Para eso, necesitan jefes que no sean sordos. Sobre todo en Gendarmería y Prefectura, que tienen una tendencia a cuidar a su gente o de darle bienestar. Por lo menos, en el discurso. Hay que tener en cuenta que hay muchos oficiales tratando de contener a la gente. Ahí se ve una voluntad de insertarse en el juego democrático. Si se generan mecanismos sindicales, probablemente esto no pasaría. Pero habría que buscar los mecanismos alternativos. En Alemania hay un ombudsman militar. En las Fuerzas Armadas francesas, por ejemplo, hay un comité de bienestar integrado por militares y funcionarios y se ocupa de estas cuestiones. Y no atenta con la cadena de comando, que es un elemento importante de estas organizaciones y que aquí, claramente, falló. No estoy diciendo que el sindicalismo garantice nada. Pero tal vez hay que pensar en otras instancias que equilibren la vía jerárquica. Son problemas que existen en otros países y que no se resuelven sólo con el sindicalismo.

Por Werner Pertot – Publicado en Página 12 – http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-204945-2012-10-05.html

 

 

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