El narcotráfico y la inseguridad

El aumento de la inseguridad ciudadana no puede comprenderse fuera de un contexto mayor, que es el crecimiento del fenómeno del narcotráfico en el mundo y en Latinoamérica en general en los últimos años. Las leyes que afectan al narcotráfico y a los narcotraficantes varían de país en país y esos grupos van buscando radicarse en aquellos lugares en los que las condenas sean menores y por ende les resulte más fácil actuar, organizarse y ampliar su red de negocios.
¿Qué tan descabellado sería decir que más de la mitad de la criminalidad está vinculada con el narcotráfico? La premisa es que un delito menor siempre conlleva tarde o temprano a un delito mayor. Hay un artículo titulado Ventanas Rotas, de James Q. Wilson y George L. Kelling, que apareció en la edición de marzo de 1982 de The Atlantic Monthly. El título viene del siguiente ejemplo: “Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuego adentro. O consideren una acera o banqueta. Se acumula algo de basura. Pronto, más basura se va acumulando. Eventualmente, la gente comienza a dejar bolsas de basura de restaurantes de comida rápida o a asaltar coches.”
Una buena estrategia para prevenir el vandalismo, dicen los autores, es arreglar los problemas cuando aún son pequeños. Repara las ventanas rotas en un período corto, digamos un día o una semana, y la tendencia es que será menos probable que los vándalos rompan más ventanas o hagan más daños. Limpia las banquetas todos los días, y la tendencia será que la basura no se acumulará (o que la basura acumulada sea mucho menor). Los problemas no se intensifican y se evita que los residentes huyan del vecindario.
Entonces, la teoría hace dos hipótesis: que los crímenes menores y el comportamiento antisocial disminuirán, y que los crímenes de primer grado serán, como resultado, prevenidos. Las críticas a la teoría tienden a enfocarse únicamente en la segunda hipótesis.
En 1990, William J. Bratton fue nombrado jefe del Departamento de Tránsito de la Ciudad de Nueva York. Bratton describió a George L. Kelling como su “mentor intelectual”, e implementó tolerancia cero a la evasión de multas, métodos de procesamiento de arrestos más sencillos e investigación de antecedentes en cualquier persona arrestada. El alcalde republicano Rudy Giuliani adoptó también esta medida, de manera más firme, en la ciudad de Nueva York, desde su elección en 1993, bajo los programas de “tolerancia cero” y “calidad de vida”.
Así que la política de “tolerancia cero” de Giuliani fue parte de un conjunto más amplio de reformas, muchas de las cuales, ya estaban avanzando desde 1985. Giuliani hizo que la policía fuera más estricta con las evasiones de pasaje en el metro, detuvo a los que bebían y orinaban en la vía pública y a los “limpiaparabrisas” que limpiaban los vidrios de los coches y demandaban remuneración por el servicio. Las tasas de crímenes, menores y mayores, se redujeron significativamente, y continuaron disminuyendo durante los siguientes diez años.
Es evidente, por lo tanto, que ninguna supuesta política de seguridad ciudadana podrá tener éxito mientras no se ataque el núcleo del problema.
Se necesita desmontar las piezas del narco-Estado actualmente en construcción, comenzando por la principal: la incesante expansión de la frontera cocalera, la complicidad con determinados sectores de las fuerzas de seguridad o su connivencia. Si no tarde o temprano nos veríamos en la situación que atraviesa México con el cartel Los Zetas, en su mayoría ex agentes de seguridad y militares.
Altos funcionarios oficiales responsables del tema de la seguridad, así como la mayoría de los analistas, coinciden en que el problema fundamental de la seguridad hoy día no corre por cuenta del conflicto interno armado –se considera que las guerrillas bastante golpeadas y arrinconadas en sus retaguardias, sólo causan algunos problemas de seguridad ocasionalmente– y que son las bandas criminales el principal desafío de seguridad, porque como lo han dicho altos mandos policiales, no es que estas bandas estén al servicio del narcotráfico, sino que son los narcotraficantes de la hora actual.
Más allá de si hay una lectura demasiado optimista de la situación del conflicto interno armado –una cosa es que las guerrillas, hayan recibido golpes militares y políticos contundentes y otra muy distinta creer que estén al borde del colapso, recuerden que siempre es posible que estas organizaciones se reinventen–, o controversial acerca de las bandas criminales –es claro que algunas de estas organizaciones hacen tareas de seguridad privada parecidas a las de los antiguos paramilitares, o de ataques a líderes sociales y políticos en ciertas regiones, o que están formadas por antiguos paras desmovilizados, lo cual pone en cuestión si no pueden tener algún componente de similitud con los antiguos paramilitares–, en ambas circunstancias hay que decir que buena parte del combustible para las guerrillas y en muy alta proporción para las bandas criminales, es el narcotráfico. Si a esto le agregamos que buena parte del incremento en la criminalidad urbana tiene que ver con el llamado micro-tráfico o el narcomenudeo –dependiendo de la lectura que prime–, todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que la causa fundamental de la mayoría de la violencia y criminalidad actual están ligadas al narcotráfico. También algo tienen que ver, especialmente con las violencias de la vida cotidiana, lo que algunos han llamado cultura de la intolerancia y otros denominan la falta de respeto por el otro.
Si el anterior diagnóstico es en lo fundamental correcto, las preguntas son: ¿las políticas públicas diseñadas para enfrentar los diversos fenómenos de violencia son las adecuadas? o ¿estamos tratando de lidiar con las consecuencias de un problema o con los agentes asociados, pero no con el problema mismo?
Por consiguiente, deben afinarse las políticas contra los grupos potencialmente ordenados en mafias aun aisladas pero tendientes a organizarse y transformarse en cárteles de drogas; no es suficiente creer que dar de baja a los denominados ‘objetivos de alto valor estratégico’, es decir los jefes, es su derrota –estos pueden ser remplazados con relativa facilidad– y no deben descartarse las iniciativas políticas, pues en estos grupos el componente sociopolítico sigue siendo importante. Tomemos por ejemplo las Farc, en Colombia, o los Zetas en México, donde sin lugar a dudas “hay que empezar a entender que la problemática social ha sido aprovechada por el narcotráfico y hay que quitarle ese combustible”. Tampoco frente a las bandas criminales, donde a cada jefe que se captura o da de baja hay dos o tres mandos medio listos para continuar y ampliar la actividad delictiva. Se trata entonces de mejorar estas políticas y continuar su implementación con toda la capacidad operativa, pero en paralelo el Estado como tal debe abordar seriamente el problema del narcotráfico y las políticas hasta ahora utilizadas.
Sucedió en Brasil, Colombia, está sucediendo en México y tenemos que evitar que suceda en la Argentina.

Si no, es probable que estemos desgastándonos en una lucha sin fin. Con una maldita Policía Bonaerense, incapaz o mejor dicho capaz de dejar impunes actos de tremenda violencia en su propio territorio, con falta de liderazgo y decisión política que los obligue a actuar en defensa de la ciudadanía y no como partícipes en muchos casos de los delitos de los que nos deberían proteger. Con un ministro de Seguridad, que bien podría llevarse el título de ministro de inseguridad: Casal. El problema y el eje fundamental de la inseguridad en nuestro país, proviene siempre del mismo lugar. La jurisdicción de la Bonaerense, y hasta el día de hoy, no se han implementado políticas acertadas para desactivar los delitos menores y así evitar la teoría de la ventana rota.

Por Matías Garfunkel – Publicado en Info News – http://www.infonews.com/2012/05/20/politica-22337-el-narcotrafico-y-la-inseguridad.php

Una respuesta to “El narcotráfico y la inseguridad”

  1. Alda Kramarovskis Says:

    La lucha contra el narcotráfico es la utopía de este siglo y un desafío para los gobiernos. Cómo eliminar a éste monstruo de mil cabezas que se retroalimenta en un círculo vicioso de consumidores que luego se hacen dealers, los llamados ni-ni (ni trabajan ni estudian). Creo que los países involucrados en esta desgracia social deberían elaborar estrategias políticas comunes contra este cáncer generador de violencia, prostitución y que paradógicamente, es una salida laboral para quien no tiene nada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: