Hombre de acción con jaqueca

La escena –multiplicada en medios gráficos y la televisión– se prestó a varios equívocos. Mostraba a Daniel Scioli con la vista clavada sobre un cajón de madera repleto de morrones. ¿Se hallaba de compras en una verdulería? La presencia del jefe de la Bonaerense, Hugo Matzkin, desdibujaba tal creencia. En realidad, sus hombres habían desbaratado una banda de La Matanza que distribuía cocaína escondida en esos morrones. Pero en el apuro, el operativo fue bautizado “Ají Blanco”. En esas circunstancias, el gobernador declamó las palabras que había venido a decir: “No leí el informe. Acá estoy trabajando. Yo soy un hombre de acción”.
Era su respuesta al lapidario dictamen de la Comisión Especial del Senado para el seguimiento de la causa Candela. El documento –además de pedir el juicio político para los funcionarios judiciales que malograron la pesquisa– recomendaba al Poder Ejecutivo la exoneración de una abultada lista de uniformados, encabezados justamente por Matzkin.
Días después, en el otro lado de la avenida General Paz, la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré inauguraba el Encuentro Regional de la ONU sobre el marco estratégico para las fuerzas del orden. En esas circunstancias, expresó las palabras que había venido a decir: “Alentamos la participación de los vecinos para que ellos controlen la actividad policial”.
En resumidas cuentas, dos paradigmas en pugna ante una misma disfunción administrativa: el gerenciamiento policial del delito a través de las cajas recaudatorias. Un estigma compartido por la Bonaerense, la Federal y todas las policías provinciales, además de la Prefectura y la Gendarmería. En medio de tal conflicto subterráneo discurre la dinámica de la lucha contra la inseguridad. Una dinámica que, a veces, suele ser esquiva a sus propios hacedores.
“No leí el informe. Soy un hombre de acción”, repitió Scioli ese viernes. Era su mensaje de que el dictamen en cuestión no había causado mella en él. Estaba lejos de suponer que una semana después, el 22 de septiembre, la Corte Suprema bonaerense –con la firma de su titular, Eduardo De Lázzari– ordenaría que se investigue la actuación del juez de Garantías de Morón, Alfredo Meade, por su responsabilidad en el encubrimiento policíaco-judicial en el caso de la niña asesinada en Villa Tessei.
La conclusión central del informe apunta sobre una pesquisa laboriosamente cincelada con datos ficticios, dudosos testigos de identidad reservada, pruebas plantadas y el arresto de personas inocentes. Ya se sabe que con tales recursos se intentó instalar la hipótesis de una inexplicable conjura articulada por no menos inexplicables protagonistas: una banda formada por un dealer barrial, un soplón de la Bonaerense, una depiladora, un carpintero, un verdulero, un mecánico, un chofer de fletes y un ratero. El objetivo –según el dictamen– no fue otro que el de “dar una respuesta rápida a la población, pero desviando las actuaciones de lo que debió ser el eje central: un crimen en el marco de bandas de narcos de San Martín y la venta de estupefacientes en la que también participaban policías”.
Los senadores fueron durísimos con el magistrado: “El caótico expediente judicial constituye la prueba de la vergonzosa investigación llevada a cabo por el fiscal y la policía. Se advierte la ausencia de orden cronológico en la ubicación de las piezas procesales en el expediente, desorden y falta de pertinencia en la inclusión de piezas procesales en el cuerpo principal; fojas inutilizadas, errores en la foliatura y ausencia de cargo de recepción fechada de las actuaciones: las declaraciones testimoniales claves, en su mayoría, no se tomaron en sede judicial; anomalías graves en las actuaciones que libran órdenes de allanamiento y registro de inmuebles; falta de sustanciación de las medidas adoptadas por el fiscal; negligencia e irregularidades en los procedimientos”.
Frente a la inacción del Poder Ejecutivo ante el asunto, la celeridad del máximo tribunal bonaerense fue notable. La Corte, además, adelantó que presentará denuncias penales para que todos los operadores del ocultamiento sean debidamente investigados, con la supervisión de magistrados de Garantías.
Un oscuro día de justicia.

Por Ricardo Ragendorfer – Publicado en Miradas al Sur – http://sur.infonews.com/notas/hombre-de-accion-con-jaqueca

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