La misma piedra

A un año del secuestro seguido de muerte de Candela Sol Rodríguez, ya es incuestionable la red de encubrimientos que se montó para tapar un crimen vinculado con el narcotráfico y la complicidad de la Bonaerense. Hace 15 años, el caso Cabezas fue una bisagra que demolió el mito de “la mejor policía del mundo” y abrió el debate de un sistema de seguridad para la Democracia. A 15 años, la misma piedra.

29 de abril de 1997, Margarita Di Tullio y Flavio Steck salen del penal de Dolores tras 77 días en prisión, acusados de haber liderado la banda que mató al reportero gráfico José Luis Cabezas. “Estoy pagando algo que no hice”, gritaba Margarita “Pepita la Pistolera” Di Tullio frente a la multitud de movileros que se abalanzaba para obtener sus primeras declaraciones.

La líder de la banda de “Los Pepitos” había sido puesta en libertad tras la resolución de la Cámara de Apelaciones de Dolores donde se consideraba que nunca hubo indicios para vincularla con el crimen. Con la firma de los camaristas Raúl Begué, Susana Darling Yaltone y Jorge Luis Dupuy, quedaba el camino libre para profundizar la “pista policial”.

El camarista Begué, había sido contundente: “si no fuera por la movilización social y la voluntad política, la investigación no habría podido superar los graves e importantes obstáculos en la búsqueda de la verdad”. Y daba un paso más, el fotógrafo habría sido “una víctima más de un crimen impune al que aparecen vinculados funcionarios policiales”. Tres meses más tarde de montado el escenario, el relato policial comenzaba a derrumbarse.

La conmoción social y política del hallazgo del cuerpo de Cabezas, calcinado, esposado y con dos tiros en la nuca, había desatado la premura policial por cerrar el caso y desviar la investigación lejos de los “negocios” de La Bonaerense. Quince años más tarde, el cuerpo de una nena de 11 años tirada en una bolsa de basura repite la historia. Y vuelve a activar la consabida “dramaturgia policial”.

Paralelismos

Existen sorprendentes similitudes entre el Caso Cabezas y el homicidio de Candela. La sorpresa no es tanta cuando se repara en que ambos se desarrollan dentro de una misma matriz de intervención policial.

· Ambos crímenes provocan una gran conmoción pública y política.

· Al poco tiempo de ocurridos se consolidan las sospechas de complicidad policial y la certeza de que una investigación bien orientada desnudaría “negocios” policiales.

· Ante esto, la cúpula policial trata de cerrar rápido el caso e inventa una banda (“Pepita la Pistolera” – “El Topo Moreyra”)

· Para el “armado” utiliza testigos “truchos”. Recordemos que la banda de “Los Pepitos” cae a partir de los dichos del testigo protegido Carlos Redruello, acusado de mitómano, quien luego intentó responsabilizar a la policía y a la justicia de haber valorizado mal su denuncia. “Yo sólo dije que escuché una frase que daba a entender que Di Tullio (Pepita la Pistolera) mandó a matar a Cabezas”.

· Se plantan pruebas falsas. El 11 de febrero de 1997, a quince días del hallazgo del cuerpo de Cabezas, se encuentra en un allanamiento “el arma homicida”. Un calibre 32 largo “plantado” en la casa de Martínez Maidana, uno de los integrantes de la banda de “Los Pepitos”.

· Antes de que ninguna pericia confirmara que el arma homicida era la encontrada en la casa de Maidana, el entonces ministro del Interior, Carlos Corach, decía en las escalinatas de los tribunales de Dolores: “Indubitablemente, ésta era el arma con la que mataron a Cabezas”. Antes que los resultados de las pericias de ADN aten (con un hilo de baba) a la casa de la calle Kiernan 992 con el caso Candela, la cúpula policial y el fiscal Tavolaro actúan como si ya supieran los resultados.

· Por su puesto, en ambos casos, las pericias confirmaron lo que ya había sido resuelto. En el caso Cabezas, después, se explicó el misterio. El cuerpo del fotógrafo tenía dos disparos de dos armas distintas, uno de ellos habría sido realizado por la propia policía sobre el cadáver con el arma que luego apareció en el allanamiento. La otra, nunca fue encontrada. Ahora, con herramientas más científicas y sofisticadas, la policía planta ADN.

· Los dos armados policiales son tan burdos que terminan cayéndose. En uno, fue la resolución de la Cámara de Apelaciones de Dolores. En otro, la resolución de la Cámara de Apelaciones de Morón.

· Curiosamente (o no) el abogado Fernando Burlando aparece en ambos casos. En el de Cabezas como abogado defensor de “Los Horneros”, dos lúmpenes que terminaron siendo los principales responsables del homicidio. Su papel habría sido entregar a los culpables (sus defendidos), negociar con el Gobierno su futuro (hoy están libres) y cerrar lo antes posible el Caso para que la gangrena no llegara hasta las más altas esferas policiales y políticas. En el Caso Candela, como abogado querellante, Burlando fue considerado en declaraciones públicas por el ministro Casal como “un co-fiscal de la causa”. Su papel, cerrar rápido el caso. El 27 de septiembre, tras la detención de Moreyra, Burlando afirmó a la prensa: “El caso ya está esclarecido, no hay dudas. Categóricamente, los siete detenidos tienen responsabilidad (…) los autores del hecho están presos”. Las autoridades políticas ahora tenían un vocero.

En ambos casos, ante la conmoción pública, se creó una Comisión Especial legislativa. La Comisión que investigó el Caso Cabezas, llegó a demostrar palmariamente la complicidad policial en el hecho. Una de las consecuencias políticas del informe producido por este cuerpo legislativo fue que, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, acorralado por la situación, tomara la decisión política de intervenir la Policía Bonaerense en diciembre de 1997, para que la crisis no se lo llevara puesto. Como él mismo lo afirmó, le habían tirado un cadáver.

¿Qué consecuencias traerá el informe, de inminente presentación, de la Comisión Especial del Caso Candela? Sería deseable que, más allá del caso, ahonde en la matriz que lo hace posible.

De Cabezas a Candela. De Duhalde a Scioli. Marchas y contramarchas. En estos quince años, sin embargo, algo fue sucediendo. Se fue consolidando un paradigma de gobierno de la Seguridad que disputa las políticas públicas. Y hay hitos y experiencia en este proceso. La propia intervención de la Policía bonaerense que desmontó el aparato de Klodczyk; las dos gestiones del doctor León Arslanian al frente del ministerio de Seguridad; la conformación del acuerdo por una Seguridad Democrática que nuclea a referentes políticos, sociales y académicos de distinto signos políticos; la reciente creación del ministerio de Seguridad de la Nación encabezado por Nilda Garré; los profundos debates públicos que retoman los ejes centrales que nacen en este período: la conducción política de la policía, la descentralización de la fuerza (policía comunal), la profesionalización de la investigación penal separados de la policía de seguridad (Policía Judicial), el rol central de la Participación Comunitaria.

El fruto que esperamos del informe de la Comisión es, entonces, que sea un paso decisivo en esta disputa de modelos de gobierno de la Seguridad. Un paso decisivo en este desafío aún pendiente de la democracia. No podemos seguir tropezando siempre con la misma piedra.

Publicado en Agepeba – Agencia Periodística de Buenos Aires – http://agepeba.org/site/la-misma-piedra/

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