Experiencias de seguridad urbana en Latinoamérica

En Mendoza, Argentina, hay jóvenes que utilizan el hip hop como instrumento para reintegrar a jóvenes en situación de riesgo, transmitiendo valores de seguridad ciudadana en sus canciones. Es una de las políticas seguidas en Latinoamérica que no ha pasado desapercibida para los técnicos de Naciones Unidas encargados de elaborar estrategias preventivas contra la violencia urbana.

El programa desarrollado durante 2010 en Mendoza, busca la prevención de diferentes formas de violencia y delitos a partir de respetar los derechos de la infancia y adolescencia, transmitidos mediante la cultura hip hop.

Otras plataformas pueden ser la literatura, también empleada en ciudades argentinas; el fútbol, utilizado en ciudades de México; o el circo, que se emplea en ciudades medianas de Brasil, sostiene Elkin Velázquez, coordinador global del programa “Ciudades más Seguras” de Hábitat, una de las agencias de Naciones Unidas dedicadas al trabajo urbano.

Las ciudades latinoamericanas hace una década empezaron a asumir que también las administraciones locales deben encarar el fenómeno creciente de la violencia urbana y sus diferentes consecuencias, según el caso. En ciudades de Colombia una grave consecuencia es el desplazamiento, que dejó de ser patrimonio del medio rural para trasladarse a la urbe: miles de ciudadanos son forzados a dejar sus hogares para ir a vivir en condiciones aún más  precarias en el otro extremo de su ciudad.

En 2010, en la Personería de la Alcaldía Medellín se registraron 10.339 desplazados. La ciudad, capital del departamento de Antioquia, cuenta con 2 millones 300 mil habitantes. Al respecto, el viernes seis de mayo se presentó en dicha ciudad el primer material elaborado en base a prácticas de seguridad ciudadana dentro del programa “Ciudades más Seguras” de Hábitat donde estuvo presente Velázquez y explicó porqué esta ciudad, que en los noventa era una de las más riesgosas del mundo, hoy, pese a que subsisten graves problemas de seguridad ciudadana, pudo ofrecer a 62 representantes de ciudades latinoamericanas de ocho países (Argentina, Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Perú y Venezuela) su “Laboratorio Medellín. Buenas Prácticas Vivas”, un libro que contiene una serie de “prácticas significativas” que determinan el real acotamiento de la exclusión en la Comuna Nororiental, zona que concentra 40 barrios cuyos habitantes viven en condiciones de pobreza.

En la Comuna Nororiental de Medellín (la ciudad cuenta con 2 millones 300 mil habitantes, que residen en 16 comunas y en la zona mencionada se concentran cuatro), lo primero que se verifica, en opinión de Velázquez, es que disminuyó la exclusión espacial a través del sistema de movilidad urbana de alta calidad, así como también mejoró notoriamente la posibilidad de desplazarse, al disminuir la dificultad de acceso a los medios de transporte masivo.

Laboratorio Medellín

“Medellín ha desarrollado un esquema que aplica bastante bien una integralidad en la intervención del espacio público. Que ha tenido impacto positivo en el mejoramiento de la calidad de vida y disminución de elementos que explican la conflictividad social cotidiana”, sostiene Velázquez.

La auditoria de estos logros fue realizada por técnicos de Hábitat y el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) y su propuesta a las ciudades latinoamericanas se inserta en el programa “Cooperación Sur-Sur”.

Primero África

Fue en 1995, en un foro de alcaldes de ciudades africanas, donde surgió la necesidad de aplicarse también desde lo local a resolver los problemas de violencia e inseguridad urbana y no contentarse con esperar solamente las propuestas de los gobiernos nacionales. La inquietud fue tomada por Hábitat y las primeras experiencias se registraron en ciudades de Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Tanzania y Países Árabes.

En 2000 llegó a Latinoamérica y tiene presencia en ciudades de Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Jamaica, México y próximamente intervendrá en ciudades de Argentina, informó Velázquez.

Una de la buenas “prácticas significativas” concretadas por la Alcaldía de Medellín, reseñada en el libro presentado ante la comunidad latinoamericana, es la regularización en términos de acceso a servicios públicos de base, lo que también acota la exclusión de     esos ciudadanos, pues se registra una disminución de las vulnerabilidades referidas a riesgo naturales, y eso, redunda en menos exclusión y mejoramiento en los procesos de convivencia, fenómeno que también ayuda a reducir la exclusiones sociales, en opinión de los técnicos del BID y la ONU.

Lo anterior reduce la exclusión relacionada con la estigmatización. “Hay más acercamiento. Eran barrios donde nadie iba y hoy todo el mundo va y eso devuelve un sentimiento de identidad y de pertenencia a la ciudad”, afirmó Velázquez.

Para algunos habitantes se disminuye la exclusión económica, porque hay más oportunidades de desempeñarse en pequeños trabajos. Pero eso no necesariamente se resuelve con intervención de la Alcaldía sino con intervenciones urbanas integrales, insiste el funcionario de ONU.

Factores “exógenos”.

Según datos de la Personería de Medellín, de enero a octubre de 2010, el número de homicidios en la zona fue de 500 y la cifra de personas desplazadas por la violencia urbana (miedo, amenazas, asesinatos, son los motivos diagnosticados), llegó a 2.028. En esas estadísticas, Medellín como tal, no la Comuna Nororiental, en agosto de 2010 registró índices de violencia urbana superiores a todo 2008.

Ante esos datos, Velázquez responde que la problemática de la violencia no depende exclusivamente de lo que se haga en el territorio, sino que también intervienen elementos externos a las ciudades: crimen organizado, tráfico de armas, narcotráfico, trata de personas, que son los factores exógenos sobre los que debe actuar la justicia y la policía.

“El Proyecto Urbano Integral (PUI) de la Comuna Nororiental mejoró las condiciones endógenas en los barrios, pero hay condiciones pendientes: mejorar el aparato de Justicia en relación con esas bandas organizadas, mejorar el trabajo de la policía, son resortes que no dependen del alcalde o de la ciudad”, advierte Velázquez.

El coordinador de Hábitat puso de relieve los avances obtenidos, pero admitió que se mantienen elementos que siguen representado una amenaza y que, a pesar de que ha disminuido la vulnerabilidad de los ciudadanos de esa zona, persisten factores generadores de riesgos.

En otra zona de la ciudad, por ejemplo en el noroccidente, se concentra uno de los puntos más problemáticos de Medellín: la Comuna 13, donde operan varias bandas delincuenciales, según declaró Mauricio Beltrán, funcionario de la Secretaría de Gobierno al matutino El Tiempo, de Bogotá. Las alianzas y separaciones que se verifican permanentemente entre los más de 40 grupos (“combos”) dificultan su     identificación. Allí el panorama de seguridad ciudadana es muy diferente al que ofrece la Comuna Nororiental.

Por Hugo Machín, periodista uruguayo actualmente residiendo en Colombia, es columnista de http://www.analisislatino.com

Publicado en la página web del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) –  http://www.cadal.org/events/nota.asp?id_nota=4067

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