Hay pibes con padres ausentes o tan violentos como ellos

Cuando los problemas escolares saltan de la sección Educación de un diario a la sección Policiales debería prenderse alguna luz de alarma en la sociedad. O, quizá, cuando eso sucede es el mejor indicio de lo peor, de que ya es demasiado tarde, de que esas luces de alarma ni siquiera amagaron con parpadear.

“Hay que separar el costado policial de la cuestión general educativa: donde aparece un cuchillo en manos de un alumno hay que sacar el episodio de la escena educativa -afirma Gustavo Iaies, experto en educación y director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP)-, pero cuando la Ctera hace un paro y advierte que hay tres casos por día de violencia escolar, significa que esto está creciendo, que hay mucho más. Antes había una alianza: la familia se hacía cargo de la socialización primaria de los chicos, y la escuela, de la socialización secundaria, pero eso ya no funciona como un tándem y está muy quebrado. Hay un enojo grande de los padres hacia los maestros y también, a su vez, de los maestros hacia los padres. La violencia en las escuelas tiene mucho más que ver con la carencia de autoridad que con otra cosa.”

Este especialista en temas educativos tiene una posición muy clara respecto de esta encrucijada en la que se alternan conflictos de alumnos contra alumnos, alumnos contra maestros, padres contra maestros, alumnos contra padres y maestros contra todos: “Hay un punto en donde los pibes tienden a ser muy violentos, y parte de la educación es que justamente puedan asimilar algunos valores, y eso está ocurriendo poco, pero la verdad -afirma a Enfoques- es que hay muchos pibes que tienen papás que están ausentes o son tan violentos como ellos”.

-Esa es una muy mala noticia: es mucho más difícil todavía solucionar este problema.

-Cuando era director de escuela me acuerdo de que cada vez que intentaba que los chicos tomaran una medida, eran mucho más duros de lo que los adultos hubieran sido. Está faltando la posibilidad de que los que administren justicia sean los adultos. Con estos adultos retirados, los niveles de violencia son mucho más altos.

-Tampoco es igual el tipo de conflicto.

-Claro. El año pasado hicimos un estudio entre viejos profesores y preceptores. Todos decían que no existe más la llamada “indisciplina social”, como hacer saltar los tapones de la escuela, pinchar la goma de los autos de los profesores. Lo que sí hay son chicos más abúlicos, más anómicos: tampoco les importa mucho si les ponés amonestaciones. La idea de que la carrera de la secundaria dura cinco años es mucho más débil que antes. Los rectores nos decían: “Antes, si un pibe repetía de año venían la mamá, el papá, la tía, el abuelo; hoy, no viene nadie”. Ahora, cuando hay violencia es muchísimo más difícil pararla.

-¿Por qué?

-Antes, dos pibes se peleaban y había intervención social. Hace tres o cuatro años entrevistamos al director de la guardia del hospital Posadas, que nos contaba que empezó a ver que llegaban muchos pibes de una esquina del Acceso Oeste, siempre a la misma hora. Y un día fue en su propio auto al lugar y descubrió que los pibes jugaban a cruzar el Acceso Oeste haciendo “pan y queso” cuando se ponía la luz verde y ganaba el que quedaba más cerca del auto que pasaba. Cuando se equivocaba, el auto lo revoleaba. Hace 20 años, hubiera pasado un vecino y seguramente los habría retado o habría ido a ver al padre de alguno para advertirle sobre eso. Pero hoy el entorno les tiene mucho miedo. Los adolescentes violentos generan mucho pánico.

-Incluso entre los propios padres…

-Un día participé de un programa de TV y en el panel estaba el dueño de un boliche de San Miguel. En las filmaciones ya quedaba en evidencia que era un mundo de jóvenes, que la ciudad adulta había desaparecido. Y él me contaba que descubrieron a un pibe borracho a las 5 de la mañana en su boliche, llamaron a la casa y el padre les dijo que no podía ir a buscarlo y que lo pusieran en un remise. Terminó diciéndole al de seguridad que lo dejara en la calle. Eso es lo que hay: la sensación de que es difícil cuidarlos porque los pibes se quedaron solos.

-Y con más impunidad, quizá.

-Está faltando, en principio, tenerle miedo a alguna autoridad, saber que si te mandás una macana hay una norma que se va a cumplir y que vas a tener un problema. Hay un punto en donde los pibes tienden a ser a veces muy violentos, y parte de la educación es justamente que puedan asimilar algunos valores, y eso está ocurriendo poco, muchos pibes se encuentran con unos papás que están ausentes o son tan violentos como ellos.

-Hoy, hasta los maestros y los padres terminan tomando las escuelas con los alumnos.

-Este año, en el Carlos Pellegrini, los pibes tenían sus diferencias con el director, pero mirabas por YouTube las asambleas y te dabas cuenta de que eran bastante ordenadas. Ahora, la primera reunión de padres a la que llamó el rector, a él lo tuvieron que sacar los de seguridad porque los padres le querían pegar. ¿Quién hace de adulto acá? Si los adultos no hacen de adultos, lo hacen los chicos. En mucho de lo que sucede en materia de violencia uno siente que los padres no sólo no la frenan, sino que en algunos casos son más violentos que los chicos. Y lo que desapareció es esta idea de que te puede pasar algo, que tus actos pueden tener consecuencias. La violencia es una de las maneras de resolver conflictos, es la peor, pero es una. El problema es cuando no lográs construir un cierto orden social, cuando la escuela no logra instalar esta idea de que hay normas que se aplican. En la década del setenta o del ochenta se tomaban escuelas, pero los pibes sabían que los podían sancionar o echar.

-Ahora, no. Y hasta parece socialmente tolerado el camino más violento.

-El otro camino requiere algunos acuerdos y un orden social. Ese es el acuerdo que no está funcionando. Toda la vida hubo escuelas en zonas carenciadas y eran mucho más disciplinadas. Las mismas escuelas parroquiales en las zonas marginales son mucho más duras en el orden, pero no tienen este tipo de conflictos. Hoy estamos en una situación en donde buena parte del manejo de la escuela está en manos de los más violentos, porque los pibes no terminan de percibir que hay un orden del otro lado. En los años noventa, el investigador José Antonio Castorina hizo un trabajo sobre las normas en las escuelas primarias. Les preguntaba a los pibes, por ejemplo: ¿en tu escuela se puede salir al patio en invierno? Y los pibes decían: “Depende. Si le preguntás a Marta, no te deja, pero si le preguntás a Alicia, sí. Aunque Marta a veces viene de buen humor y te deja”. Es decir, no hay una norma, hay sí una idea de que Marta a veces viene bien de ánimo y te deja, y otras veces, no, y de que Alicia es mejor mina y te deja? Para que las escuelas sean menos violentas hay que demostrar que están las condiciones de un orden social que resuelve conflictos por otra vía. Eso requiere que alguien haga de autoridad y que haya normas claras. Y la verdad es que no las hay.

-También influye negativamente el hecho de que los padres, en general, y algunos profesores, en particular, parecen querer ocupar el lugar de amigos de los chicos.

-Los profesores me preguntan si pueden ser amigos en Facebook de los pibes. Ahí tenés que anticipar una jugada: el día que entrás en el mundo de intimidad de los pibes no podés ser neutro, si te encontrás con un desastre vas a tener que hacer algo o vas a ser cómplice de eso. Los profesores sienten que queda mal decirles que no, pero la idea de que hagan un desastre y el profesor no reaccione es el peor de los mundos. A desalambrar porque no hay nadie que pare nada. Ese es el escenario en el que estamos. Los pibes todo el tiempo chequean cuándo vas a reaccionar. De hecho, en todos los estudios sobre demanda de los jóvenes sobre la escuela secundaria ninguno habla de autoritarismo. No existe más ese tema. Antes se quejaban de que los profesores eran muy duros; hoy reclaman que vayan todos los días a la escuela y que les enseñen cosas interesantes.

-Más que de los chicos, entonces, el problema es netamente del mundo adulto.

-Si un papá le pega a un profesor junto con su hijo, se le mezclaron todos los tantos, no entiende con quién es su alianza. Y también es cierto que a los profesores les cuesta mucho destrabarlos de ese lugar: “Si estamos los dos trabajando para educarlo a él, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo para ver cómo es la enseñanza.” Está rota la alianza de los adultos. Entonces, es muy difícil que haya ley, que haya encuadre.

 Por Ricardo Carpena

Extracto de la nota publicada en La Nación – Suplemento Enfoques – 6 de octubre de 2011

http://www.lanacion.com.ar/1412941-hay-pibes-con-padres-ausentes-o-tan-violentos-como-ellos

Una respuesta to “Hay pibes con padres ausentes o tan violentos como ellos”

  1. aldakrama Says:

    El informe es francamente deprimente. Coincido en que el adulto de las últimas generaciones es inmaduro ,irresponsable y tan rebelde como sus hijos.Sería necesaria una reforma educativa importante.Los maestros y directores de escuela con autoridad y vocación deberían cobran más que los que eligieron una salida laboral fácil y por los beneficios sindicales que también habría que revisar. Los maestros y la policía no deberían cobrar parte de sus sueldos en negro, el mal ejemplo viene del estado ¿Qué nos muestra la autoridad?. La justicia, se lava las manos y fomenta la impunidad ,una invitación a delinquir, total no pasa nada. Todos hablan de los derechos, nadie insiste en las obligaciones. Mi generación temía la reprimenda de los padres, de los maestros y de los adultos en general. La iglesia perdió autoridad moral al encubrir a los perversos, consecuencia: se perdió el temor a Dios. Los políticos juran sobre la biblia lo que ni la patria ni Dios les demanda. La sociedad involuciona hacia el hombre cavernario pero con informática. Es lo que les pasa a un grupo de niños en la novela “El señor de las moscas” abandonados a su suerte en una isla por una catástrofe aerea donde mueren todos los adultos. Con el tiempo van olvidando las reglas de convivencia y se convierten en salvajes asesinándose entre ellos.

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