El debate por la seguridad divide a todos los partidos, inclusive al oficialismo

Como siempre sucede en tiempos electorales el debate en torno a las políticas de seguridad cobra un renovado impulso. Sin embargo, en esta ocasión el panorama parece diferir sensiblemente del escenario en que se daba esta discusión en años anteriores. Es que la creación del Ministerio de Seguridad de la Nación comenzó a cambiar el paradigma y los preconceptos que limitaban el debate.
Alberto Binder, vicepresidente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP) aseguró en diálogo con Tiempo Argentino que “las relaciones entre las políticas de seguridad y la democracia no son sencillas”, y destacó que existen actualmente dos modelos consolidados, contrapuestos, acerca de cómo encarar esta problemática. Aunque evaluó como positivo el momento por el que atraviesa la Argentina, advirtió que “no es fácil, ni está claro cómo es posible alcanzar este necesario cambio de paradigma” en materia de seguridad.
–¿Cuál es el modelo que rigió en las últimas décadas las políticas en materia de seguridad?
–En la actualidad han quedado bien diferenciados dos modelos. El que primó, el que podríamos llamar de “policización” del problema de seguridad, cree que se trata de un problema policial. Cree que la mejor manera para combatir el delito es la militarización de las fuerzas de seguridad, cree que las libertades públicas son una especie de menoscabo técnico que impide lograr una mejor seguridad. Quienes lo propugnan se sienten representantes del miedo social y lo exacerban, para luego responder con demagogia punitiva y con mano dura. Propone ese diálogo que políticamente genera lo que llamamos las industrias del miedo y busca volver al ciudadano cómplice de esa mano dura, y para eso lo convoca, para que se convierta en una suerte de policía sin preparación.
–¿Qué se contrapone a esta visión?
–Frente a esto se ha desarrollado un modelo que nosotros creemos que sienta las bases de una respuesta democrática al problema de la seguridad. Es un modelo que va a decir que una política de seguridad es mucho más que el problema policial, que es necesario que una dirigencia civil y política asuma el gobierno del sistema de seguridad. Es un modelo que tiene una visión sistémica de todos los componentes de seguridad, que cree que la defensa de las libertades civiles es un valor central de la democracia y no un menoscabo que haya que superar, apenas se pueda, erosionándolas; es un modelo que no cree en la militarización y que al vecino lo convoca a participar. Se trata de establecer un diálogo con la sociedad mucho más rico, que implique una mayor comprensión de la compleja construcción de una sociedad no violenta.
–¿Qué pasa con el debate entre estos dos modelos cuando, por ejemplo, desde la Nación se impulsan políticas en un sentido, pero en algunas provincias se avanza en sentido contrario?
–Este es un debate que atraviesa a todos los partidos políticos, los divide en dos, inclusive al oficialismo. Yo diría que dentro del oficialismo vas a encontrar defensores de estos dos modelos y dentro de la oposición también los encontrás. Incluso, te diría que hay gente de sectores de derecha que también apoyan el avance de una forma de hacer política de seguridad dentro de la democracia. Y eso es bueno, porque si queremos hacer políticas de seguridad democráticas no vamos a pretender siempre que se hagan según nuestras propias ideas. También hay espacio para una política de seguridad democrática de derecha y hay gente que la sostiene.
–¿Cuáles son las condiciones sociales y políticas que permitieron que este debate, que antes parecía imposible, hoy se esté dando con la seriedad que requiere?
–Por un lado, se puede explicar gracias al avance de los procesos de democratización de la sociedad, el aumento de las expectativas sociales, pero también creo que se debe a cierto cansancio, a que cada vez se ponen más en evidencia los fraudes, las falsificaciones, la ineficacia de las políticas de mano dura. Como decíamos antes, hay dos claros modelos hoy día, desde la aparición del Acuerdo por una Seguridad Democrática, así como en economía podés decir que hay neoliberales, keynesianos o socialistas, ahora en seguridad también tenés posturas bien claras y diferenciadas.
–¿Por qué cree que son tan difíciles las relaciones entre las políticas de seguridad y la democracia?
–Son traumáticas porque el sistema democrático es un sistema tenso, porque hasta ahora la democracia no se ocupó de este tema con instrumentos democráticos, porque te obliga a hacer consensos políticos y porque no podés nunca dejar de escuchar a los ciudadanos. Son políticas difíciles, pero bueno, nadie dijo que la democracia es un sistema fácil.
–¿Para avanzar en este tipo de debate es necesario que vaya acompañado de un cambio cultural que permita dejar de lado el discurso fácil, ese discurso que tanto prende de la mano dura?
–Requiere, sobre todo, un cambio cultural y un cambio muy fuerte del modo como las dirigencias políticas, intelectuales y a nivel de funcionarios ven este problema. Al conjunto de la sociedad no sé si hay que pedirle más. Sí hay que pedírselo a las élites dirigenciales.
–Teniendo en cuenta las premisas de este nuevo paradigma en materia de políticas de seguridad, ¿cómo evalúa la gestión de Nilda Garré al frente del Ministerio de Seguridad?
–La gestión de Garré y el giro que hizo el gobierno, porque debo reconocer que yo también he sido muy crítico durante algunos años con el gobierno, va en el sentido correcto, sin ninguna duda
–¿Cómo influyen los medios en este debate?
–Influyen, como siempre, de un modo complejo. Influyen por un lado transparentando, generando debate público, pero también influyen manipulando. Vos ponés un canal de 24 horas de noticias, no invertís un peso y lo único que hacés es tener movileros que recorran el Gran Buenos Aires, ¿cómo no van a encontrar un robo o un homicidio? Entonces, ahí también hay muy poco profesionalismo de muchos canales de noticias y un gran negocio.

 

Publicado en Tiempo Argentino – http://tiempo.elargentino.com/notas/debate-seguridad-divide-todos-los-partidos-inclusive-al-oficialismo-0

 

 

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