Una mirada sobre el caso Ayacucho

La tragedia ocurrida recientemente en Ayacucho presenta varias aristas que es oportuno analizar y las cuales merecen –entendemos- debida atención.

Sin lugar a dudas el rol de algunos medios de comunicación y su impacto sobre la sociedad no pueden ni deben escapar a un examen del desempeño en esta contingencia –y varias otras de similares características- en el papel que se han autoasignado en la construcción de una pseudo realidad muchas veces antagónica de la auténtica y en muchos otros exacerbada hasta límites insospechados. Sin embargo, es limitada la capacidad de la sociedad para determinar con claridad las intencionalidades y consecuentemente no prestarse al juego que plantean, casi siempre aislado de las necesidades colectivas.

En segundo término, la conducta execrable de ciertos referentes sociales ayacucenses que por esa misma condición deberían haber aportado mesura y prudencia ante la magnitud del drama y en cambio generaron con sus consignas vacías de contenido un clima enrarecido en el cual cualquier exceso hubiese sido consecuencia natural del proceso, como en efecto estuvo cerca de suceder. O como ha sucedido en otros episodios similares en otros lugares y contextos con los que guarda relación.

Por último, el punto al cual es imprescindible referirse tiene que ver con la falta de un canal institucional y orgánico que pueda dar cauce adecuado a las demandas sociales respecto de la seguridad en la provincia de Buenos Aires.

El desguace de los Foros de Seguridad desde fines del año 2007 –casi consolidado hoy, a excepción de algunos pocos baluartes de empecinada resistencia-, no sólo ha privado a la sociedad del control civil sobre la fuerza policial autogobernada, sino que al mismo tiempo ha derrumbado las posibilidades de articular las demandas de manera organizada y fecunda en todas las áreas con las que se vincula la seguridad ciudadana.

El mecanismo de contención que proveían en todas las ciudades –especialmente en el interior de la provincia- y al mismo tiempo la posibilidad de gerenciar una protesta acompañada de propuestas superadoras ha sido desarticulado.

Esto posibilita que unidos los componentes –esto es medios de comunicación claramente interesados en una utilización espuria del hecho, dirigentes sociales con objetivos propios diferenciados de los de la comunidad a la cual representan y la imposibilidad de organizar y administrar adecuadamente la demanda de la sociedad- el resultado muestre las severas deficiencias de un modelo al cual la reiteración de episodios de estas características señala como ineficiente y el cual las autoridades provinciales debieran rectificar en aras de una política de seguridad que permita recuperar niveles alguna vez alcanzados.

Ayacucho, sin desearlo, y por la vía de un drama lamentable se ha transformado en un caso de análisis y a partir de ello, esperamos, de punto de partida de modificaciones indispensables.

Una respuesta to “Una mirada sobre el caso Ayacucho”

  1. Alda Says:

    La gente no termina de comprender la importancia del canal de comunicación que es un Foro de Seguridad en la comunidad ,y por esa misma ignorancia, critica o actúa impulsivamente como pasó en Ayacucho.

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